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Cambio de grado, cambio de escuela, borrón y cuenta nueva

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La experiencia de primero de Primaria fue una que pasó desapercibida, no tuvimos suerte ni con la escuela ni con las Maestras, en el blog “Regreso a clases” les comente un poco de esto.

Un día platicando con una tutora educativa me comentó que tenía una amistad que trabajaba en una escuela primaria que era inclusiva y podría ser buena opción para Gil. 

 

Así fue como llegamos al Colegio actual de Gil.

 

Segundo de Primaria fue una experiencia de gran emoción no solo para Gil, sino para mí como mamá, era una nueva oportunidad. 

 

Teniendo ya la experiencia de primero de primaria pedí una cita con la nueva Maestra de Gil para el segundo día de clases, la escuela me pidió que le diera oportunidad a ella para conocer a Gil y me dieron la cita para la segunda semana de clases.

Lo que más recuerdo de esa primera reunión con Miss Ana fue cuando me dijo después de haber pasado 30 minutos platicando con ella: “déjame intentar trabajar a mi manera con él, y si no funciona haré todo lo que me sugieren”. Ella no tenía experiencia con alumnos con necesidades especiales, no le habían hablado de Gil, pero escuchó y procesó toda la información que le proporcionamos en esa plática y encima  tuvo el deseo de apoyar a Gil como un alumno con necesidades diferentes a las que ella estaba acostumbrada a manejar en su salón de clases.

 

Hace unos meses le pedí a Ana que platicara un poco de su experiencia como Maestra de Gil, estas son sus palabras:

 

Soy Maestra de Primaria, tengo 8 años de servicio y durante todo este tiempo nunca había trabajado con un alumno con necesidades especiales.

Cuando entré al ciclo 2014-2015 me encuentro en la puerta de mi salón con un niño que estaba de espaldas, solo le vi la mochila y al preguntar a qué salón iba me dijeron que iba al mío.

Cuando se dio vuelta vi que este niño tenía Síndrome de Down, al principio me asusté porque no sabía cuál era la forma correcta de trabajar con él y se me vinieron muchas cosas  a la mente, hasta pedir me cambiaran de grado,  ya que no me sentía preparada para trabajar con él.

Durante las mañanas de la primera semana de clases intentamos animarlo de diferentes maneras para entrar al salón de clases, pero él no quería, solo quería estar parado en la ventana del salón, le insistí mucho para que me volteara a ver y por fin logré llamar su atención con un juguete que estaba dentro del salón.

 

Al principio Gil no participaban,  no quería bajar al patio, quería comer  solo en el salón de clases,  se aislaba y  jugaba solo. Cuando salía al patio y era momento de regresar al salón de clases  se escondía en los juegos.

 

Cuando tuve la primera cita con la mamá y la Psicóloga de Gil y mientras ellas me decían como era la forma de trabajar yo tenía muchas dudas de cómo poder ayudarlo y seguía pensando que este ciclo escolar sería un gran reto para mí.

Al llegar a mi casa después de esa primera reunión, entré al internet a investigar más a fondo lo que era el Síndrome de Down y cómo era la inclusión en una escuela. Busqué información de cómo yo podría incluir actividades en mi planeación para poder trabajar con él individualmente.

De lo que estaba segura era que mi primer obstáculo a vencer era ganarme su confianza para empezar a trabajar con él.

 

Los siguientes días traía muchas actividades de diferentes grados para ver cuáles eran las que le llamaban la atención a Gil, después hacíamos  juegos dentro de salón, ponía  cuentos auditivos para retener su atención, luego empecé a trabajar individualmente. Gil se acercaba cada día más a mi escritorio para que le explicara su trabajo.

Entendí que Gil era un niño muy cariñoso y que podía ganármelo del lado afectivo.

 

En los primeros meses fue probar diferentes maneras de animarlo a subir al salón y quedarse a trabajar, evitar que se negara físicamente a subir las escaleras y tener que recurrir a cargarlo.

Platicando con la mamá de Gil acordamos hacer un libro de trabajo específico a las necesidades educativas de Gil. Nosotras nos comunicábamos por medio de una libreta para ver la conducta y estado de ánimo del niño.

 

Para lograr una integración con sus compañeros durante ese ciclo platiqué  con el  grupo de segundo grado, diciéndoles que teníamos a un compañero con necesidades especiales que ocuparía de nuestra ayuda para adaptarse a nuestra forma de trabajo. Noté que Gil seguía mucho a una compañera, se me vino a la mente que ella sería como mi guía para ayudarlo. Ella le hablaba muy cariñosamente, era su pareja para los bailes de festivales, lo motivaba mucho para realizar actividades en clases.

 

El trabajar con  Gil durante ese ciclo fue muy buena experiencia ya que él y yo hicimos una hermosa química donde no solo él aprendió de mí, yo aprendí mucho de él, me enseño a querer con todo el corazón, a disfrutar de la vida, a reír, a bailar, abrazar sin límites de tiempo y hacer amigos honestamente. 

 

El haberlo conocido fue una muy bonita experiencia ya que me  ayudó a sensibilizarme como ser humano, a crecer emocionalmente y darme cuenta de que como docente me hacía falta mucho por aprender para ayudar a niños con diferentes necesidades.

Me recordó que hace 8 años tenía una meta, realizar la Maestría en Educación Especial.

 

Sé que me faltaron muchas cosas más por hacer con Gil pero me siento muy feliz por haber sido su Miss Ana y cada vez que me lo topo él me recibe con un bello abrazo, un beso y me dice que me extraña!

 

Gracias Gil por ese bello ciclo escolar, te quiere tu maestra Ana Cobián.

 

El contraste de primero de primaria y segundo de primaria fue uno difícil para Gil, el primer año de Escuela Primaria fue un año en que lo subestimaron, no se le motivo y no se le considero como un alumno con necesidades educativas especiales mucho menos como un alumno mas del Colegio, así que estar en una escuela nueva, en un salón donde había menos niños y con una maestra que le estaba pidiendo que el trabajara requirió de mucha adaptación para él. Su escuela nueva  le tuvo paciencia, hasta de más en algunas situaciones diría yo, Miss Ana nunca se dio por vencida en encontrar la manera de motivar a Gil.

 

Para el tercer mes del ciclo escolar miss Ana logró integrar a Gil con sus compañeros de salón y Colegio de una manera natural, respetando los  espacios y tiempos de Gil, y empujándolo de una manera sensible a dar más de el mismo. En segundo de Primaria Gil obtuvo una estructura de trabajo escolar, y un nuevo sentido de compañerismo.

 

Este es el poder y arte de ser docente. Cuando sienten realmente la vocación por su profesión el impacto que tienen sobre sus alumnos es inmenso. El trabajo de los maestros no es solo asegurarse que sus alumnos se aprendan las tablas o capitales de los estados, es procurar todos los días el bienestar de sus alumnos.

 

Gracias Ana, gracias por tu entrega a tus alumnos, por tu aceptación a un reto y gracias por dejar tu huella en Gil.

 


¿Ustedes han tenido una experiencia así, favorecedora para la integración escolar y educativa?

 

 

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