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La experiencia de las compras

August 31, 2016

 

El fin de semana nos fuimos de compras mi mamá, Gil y yo. Es una actividad que yo creo desde hace unos años no hacíamos, por dos razones:

  1. Ir de compras es mi momento de relajación, distracción, un momento para mí.

  2. No es algo que realmente sea divertido para niños.

Ésta salida no era una visita rápida a la tienda, no era para pasar el tiempo y no era para ir en búsqueda de algo para Gil, era ir en plan de compras, buscar ropa, medirse ropa, etc.

Así que en la mañana antes de partir pensé en ideas para hacer la salida un poco más placentera para Gil y se me ocurrió lo siguiente:   Hacerlo partícipe “Gil le vas a ayudar a bolita (su apodo para su abuela) a encontrar un vestido”, llevar snacks y permitirle llevar su Ipad.

 

Déjenme les explico el Ipad;  yo no dejo que Gil cargue con su Ipad cuando salimos de la casa el 90% de las ocasiones. Si vamos en el carro platicamos, cantamos, trabajamos (“Gil ¿Qué dice ese anuncio? ¿Vamos a la izquierda o derecha?”)o jugamos con los monos que haya elegido ese día (Batman, Capitán América etc.) , si estamos en algún lugar donde tenemos que hacer espera es lo mismo, cuando esto  falla en entretenerlo le presto mi teléfono para que vea vídeos de él en la escuela, en terapias y en festivales o que juegue en algún app.

 

Regresando a las compras, desde que llegamos al centro comercial comencé a notar que la gente miraba a Gil y sonreían, le murmuraban algo a la persona o personas con la que iban y sonreían,  en algunas ocasiones saludaban y platicaban con él. 

 

No es novedad que Gil llame la atención, tiene carisma el canijo y también causa curiosidad, en muchas ocasiones la gente lo  mira varias veces para verificar que es “especial”, pero este día fue diferente.

Lo veían como si fuera extraño ver a un niño alegre, tranquilo, bien portado, y en poco tiempo me di cuenta de porqué.

 

El centro comercial estaba lleno de familias, muchos niños corriendo por todos lados y lamentablemente muchos niños infelices, llorando, quejándose, escapándose de sus papás y haciendo rabietas.  Aún más lamentable vi a papás no teniendo paciencia para sus hijos, gritándoles, jaloneándolos, amenazándolos,  hasta pegándoles!

 

Entiendo la frustración de todos, desde los hijos hasta los papás. Yo ese día me encontraba en los dos lados, como mamá teniendo a mi hijo diciéndome “¿ya nos vamos?”, y como hija acompañando a mi mamá de compras queriendo ver cosas para mí.  Lo que no entiendo es como todo se nos puede salir de las manos al punto de que no demos validez a los sentimientos de otras personas y más aún cuando son niños.

 

Ah, por si tienen curiosidad de cómo hacemos las compras o si Gil nunca va de compras conmigo:

Acaba de ocurrir en el inicio de verano que de un día para otro a Gil ya no le quedaban sus zapatos y tenis,  dedicamos un día para andar en búsqueda de estos, pero esa fue la única razón de andar en el centro comercial, así que él feliz.

Cuando la ropa esta por ya no quedarle yo voy sola y le compro lo que necesita, si no le queda lo regreso, de hecho hago lo mismo para mi mamá, conozco bastante bien el gusto de los dos y a mí me encanta perderme por horas en los centros comerciales.

 

Y sí, Gil sí me acompaña de vez en cuando para las compras, pero cuando somos solo él y yo soy mucho más flexible porque la presión es menos para encontrar lo que andamos buscando,  y porque lo tomamos más como un paseo que como una actividad que tiene una meta específica.

 

Afortunadamente ésta vez la aventura fue exitosa para nosotros, mi mamá encontró lo que buscaba, Gil se divirtió ayudándole, me convenció de dejarlo medirse ropa él, se paseó en tiendas de niños, y hasta yo pude hacer un par de compras. 

 

Sí hubo momentos de “mamá ya vámonos”,  “Gil por favor déjanos hacer esto”,  mi mamá diciendo “yo no quiero ver esto” cuando tuve que llamarle la atención a Gil.  Y claro que llegó el punto en que Gil dijo: “suficiente”.  

 

Pero todos nos dimos validez, acompañamos a mi mamá en una actividad que no quería hacer pero era necesaria, le dimos descansos a Gil para hacer cosas que él quería hacer y me tuvieron paciencia porque yo era la encargada de mantener el orden del día.

 

En corto lo que quiero decir es, así como les pedimos a nuestros hijos que se porten bien, nosotros también nos tenemos que portar bien con ellos.

 

Esa es mi opinión, ¿ustedes qué dicen?

 

 

 

 

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