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  • Sandra Reyes

Marzo 2020, Covid-19 y Desescolarización


La última semana de febrero Gil se enfermó de gripa. Una gripa que se volvió infección en las vías respiratorias. Era su segunda infección en tres meses y resulto bastante tediosa para él.

Comúnmente él no es de quejarse o admitir que se siente mal, pero esos días la enfermedad le gano.

Falto a clases dos días, inmediatamente después hubo suspensión de clases a causa de lluvia, y luego sucedió corona virus.


Habíamos estado pendientes de lo que sucedía en el mundo, sabíamos que venía a nuestra comunidad, pero en aquel entonces era imposible imaginar como sucedería todo.


En aquel entonces en México aún estaban decidiendo que hacer exactamente, que medidas de prevención tomar, si suspender clases inmediatamente o esperar.


Un día el papá de Gil de repente me pidió que ya no enviáramos a Gil al Colegio, esto fue bastante extraño, de los dos él es el más “relajado”, así que sin esperar más el miércoles 11 de marzo llame a la escuela para avisar que Gil no asistiría hasta que supiéramos más de la situación. Para mi sorpresa esa misma mañana se había tomado la decisión de suspender clases presenciales.


Las clases en línea al principio eran solo asignaturas, la maestra cada día enviaba el trabajo que debíamos realizar y teníamos de plazo hasta el siguiente día para enviar todas las evidencias. Debo decir que aun con todo el caos en las escuelas la maestra de Gil nos enviaba el trabajo con las adecuaciones para Gil, eso sí que es dedicación.

Para mi esta fue la mejor manera de hacer el trabajo escolar para Gil, pero después cambiaron la dinámica. Ahora las reglas eran de que nos teníamos que conectar para tomar la clase por vídeo.

Hicimos nuestro mayor esfuerzo, pero la frustración era increíble. Gil y yo teníamos que estar sentados dos horas enfrente de la computadora. Conocí los gestos que pone Gil cuando realmente esta emocionado por participar, las manías que hace cuando algo realmente lo.


Como se podrán imaginar los momentos en que realmente no estaba prestando atención eran mucho mas que los momentos en que estaba realmente cautivado.

Esas primeras semanas de la contingencia las cosas fueron llevaderas. Gil apenas comenzaba a procesar lo que estaba ocurriendo. Para él fue “estuve enfermo por eso no fui a la escuela”, “llovió por eso no fui a la escuela”, “fueron vacaciones de semana santa por eso no fui a la escuela”.

Pero, también estaban esas constantes preguntas “¿porque no puedo ver a mis amigos?” “¿porque no vamos a ningún lado?”


Nosotros nos tomamos el “Quédate en casa” en serio, y aun siendo gente que le gusta mucho estar en su casa la situación ya nos empezaba a ganar.


Toda la tensión llego a un tope y la forma de escape de la frustración fue en el trabajo escolar. Cada mañana era casi imposible que Gil se sentara en la computadora motivado para tomar la clase, ni qué decir del momento de dedicarnos a hacer la tarea.

Todo fue mal en peor. El trabajo en terapia, la cual ya estábamos tomando por video llamada, también se vio afectada, el trabajo adicional que hacíamos Gil y yo dejo de ser de beneficio, todo era estira y afloje.


Los dos estábamos constantemente de mal humor, algo tenía que cambiar.


La segunda semana de mayo fue cuando decidí dar de baja a Gil de la escuela.

Le di muchas vueltas antes de comentarlo con alguien, no me fue fácil encontrar la convicción de mi idea para tener la valentía de decirle a alguien más.


Un día al terminar la transmisión de clase me encontré regañando a Gil por no prestar atención, ese fue mi momento de “detente”. Envié un correo a la dirección escolar dando aviso de que daba de baja a Gil, le envié un mensaje directo a su maestra explicándole que nada tenia que ver con ella, era simplemente la situación, Gil es un alumno presencial. Se ocupa la motivación de estar haciendo el trabajo a un lado de sus compañeros, ocupa el contacto visual directo de las maestras, ocupa aprender empíricamente con sus compañeros.


Después, le hable a su papá, simplemente me dijo “confió en ti”. Le hable a mi mamá, “te tardaste” fue lo que me dijo.


Deje el teléfono y Gil se me acerco y con un gesto me pregunto ¿Qué pasa?

No tenia palabras para explicarle el porqué, solo le dije que ya no habría mas clases de vídeo llamada, que empezaríamos a trabajar como siempre él y yo, “ok mama, voy a jugar”.


Me quedé sentada por un momento y solo pensé “¿y ahora qué? ¿Qué hice?”


En mi mente desde hace tres años había estado la idea de escolarización es casa, estoy en varios grupos y seguía varias cuentas en las redes sociales del famoso “homeschooling”, esa misma tarde me senté a investigar mas sobre esto y di con una familia multicultural, con una hija adoptiva con síndrome de Down y ellos hacen “unschooling”, desescolarización.


El día siguiente comencé la planeación para el nuevo camino que estaríamos tomando en estos tiempos de contingencia, de quédate en casa, de aprende en casa.


Desde mayo estamos en esto, altas y bajas ha habido muchas, ¿arrepentimientos? ¡Ni uno!

#Familia #Escuela

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