Buscar
  • Sandra R.

Una plática


Quien ha estado en una sala de espera sabe que es como estar sentado en frente de una pequeña ventana en donde vemos un poco de la historia de otras personas. En los 12 años de vida de Gil han sido horas tras horas de estar esperando por/con él, ya sea para entrar a ver un doctor, entrar a hablar con una psicóloga o esperar que el termine una sesión de terapia. En todas estas horas he tenido pláticas con otras mamás y papás, y he formado lindas amistades, he aprovechado el tiempo para terminar algún pendiente en mi computadora, me he sentado frente a una televisión ofrecida y he tomado la oportunidad de comer alguna golosina.


Ahora tengo una rutina establecida cuando se trata de esperar a Gil en su sesión de terapia de lenguaje, la única terapia a la que está asistiendo por el momento, en rara ocasión llevo una lista de pendientes que debo terminar dentro de los 50 minutos de sesión de Gil, pero por lo general llevo un libro y me sumerjo en una historia.


Estando en una sala de espera como lo es la del consultorio psicológico al que asiste Gil todos los que nos llegamos a topar ahí sabemos que estamos ahí por ayuda, no hay pena no hay disfraces, pero nunca había tenido una conversación como la que tuve en Noviembre con Edgar y de la cual aún sigo pensando.

Edgar es un niño de 10 años, un niño que se encontró esperando con migo en una sala de dos sillones y seis sillas. Él se sentó en el sillón a un lado de donde yo me encontraba y procedió a entretenerse con la música que salía de su celular, no lo entretuvo por mucho tiempo. De repente voltea y me pregunta “¿estas esperando que llegue alguna psicóloga o estas esperando que salga alguien de ver a alguna psicóloga?”

Admito que no le tome mucha atención al principio a Edgar, creo ni siquiera volteé a verlo cuando le respondí “estoy esperando que salga mi hijo”, pero Edgar quería mi atención no porque quería platicarme por qué él estaba ahí, él quería saber porque estaba yo ahí.


Déjenme les reconstruyo la plática:

  • “¿Con quién está?”

  • Cierro mi libro y volteo mi cuerpo hacia la dirección de Edgar pensando ´Ok, vamos a platicar´“Esta con Christian”.

  • “Ella es de lenguaje, ¿Por qué no puede hablar bien tu hijo?”

  • Su pregunta no me incomodo, la hizo de una manera tan natural, madura, sin mala intención con un tono de real interés en saber la respuesta. “Ah pues él tiene síndrome de Down y se le dificulta hablar claramente”.

Aquí es en donde se dio ese momento de conexión que encuentras en salas de espera que puede resultar difícil encontrar en otras situaciones, ese momento en que no tienes que explicar lo que es una necesidad diferente, en donde no te sientes juzgado, en donde puedes ser honesto y la honestidad de otras personas te deja completamente sorprendido y en esa ocasión sucedió con Edgar, un pequeño humano de 10 años.


Edgar siguió la conversación y se quedó para siempre en mi mente;

  • “Y ¿a qué escuela va? Porque tiene que ir a la escuela. Espera, ¿cuántos años tiene?”

  • “Tiene 12, si va a la escuela, se llama ….”

  • “¿y es buena? Porque yo iba a una escuela donde había muchos niños con síndrome de Down y creo era buen”

¿Se van dando cuenta porque sigo pensando en mi conversación con Edgar?


Resulta Edgar asistió por un tiempo a una escuela de educación especial, es una escuela que si conozco y Gil asistió a un campamento de verano ahí. Viendo la honestidad con la que ya estábamos hablando le pregunte porque había estado en ese colegio, su respuesta “yo tengo TDAH, pero a mi mamá no le gusto la escuela, dice que necesito más disciplina, pero ella que sabe”.

TDAH: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, un trastorno de carácter neurobiológico originado en la infancia que implica un patrón de déficit de atención, hiperactividad y/o impulsividad.

Entonces me comporte como el adulto en ese momento y le dije que su mamá quería lo mejor para él etc., pero honestamente fue mi único momento de ser más madura que Edgar, por más de 15 minutos el llevo el tono de nuestra conversación dejándome lecciones que aun llevo presente, pero lo que más llevo son las últimas palabras de Edgar a mí, su manera de despedirse…

  • “Me imagino tú lo quieres mucho (refiriéndose a Gil), ¿su papá y familia también?”

  • “Si, es muy querido por todos.”

  • “Qué bueno, porque entonces es feliz, y eso es lo que más importa.”

Edgar, ojala tú seas muy querido y lo sientas, porque es verdad, eso es muy importante.


Momentos de la vida, lecciones de la vida. Quisiera que todos nos diéramos momentos en el día para ver las cosas con la aceptación y claridad con las que las ve Edgar.

#ÁmbitoSocial #VidaDiaria #Acompáñame #Terapias

11 vistas

Somos mas Parecidos que Diferentes