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  • Sandra Reyes

Inclusión Social


Para los padres de hijos con necesidades especiales la batalla es siempre por inclusión, que se le permita entrar a una escuela regular, que se le permita jugar en un parque con los demás niños, que sea visto por el niño o niña que es, no como alguien discapacitado. No solo luchamos por los derechos de nuestros hijos en los ámbitos de educación y oportunidades de trabajos, luchamos por su inclusión social.


Honestamente cuando recibimos la noticia de que nuestro recién nacido tiene una “discapacidad” generalmente el primer pensamiento es “¿qué será de él/ella cuando sea adulto? ¿Qué pasará cuando ya no estemos sus papás?”, es una inquietud que todos los días está presente en algún rincón de nuestra mente.


Hace tiempo un papá nos contó que su hijo de 16 años que tiene Síndrome de Down era su mejor amigo, eran inseparables.

Su hijo no pudo estudiar a partir de 1ro de primaria, ninguna escuela lo aceptó, así que desde ese entonces era su compañero. Nos platicó como su familia le enseñó cosas prácticas, como él le enseño carpintería, le dieron herramientas que le fueran de utilidad para vivir una vida lo más autónoma que le fuera posible.

Al preguntarle si tenía amigos, ahí fue cuando su rostro cambió, el tono de su plática cambió, “No, eso es lo que me más me pesa, la gente no le da una oportunidad. No saben cómo hablarle, piensan casi que habla marciano. Su familia somos sus amigos”.

Esto es falta de inclusión social.


La lucha para inclusión social es la más difícil para las familias especiales. Andar de paseo y ver cómo la gente ve a tu hijo, tratando de descifrarlo “¿Por qué no habla bien, por qué no hace esto sin ayuda, por qué se cansa tan rápido?” y estar siempre en alerta por si tienes que defenderlo en alguna situación no es fácil, sinceramente puede llegar a ser cansado.


Por esto es que se dan los casos que se vuelve viral una historia que cuente como un extraño apoyó, defendió o simplemente jugó con un hijo de necesidades especiales.

Ver la nobleza que hay en la gente es algo que nos impacta profundamente a los padres especiales, ver que hay una gran posibilidad de que nuestros hijos estén bien en un futuro en el que ya no estemos siempre presentes para defenderlos es una recarga de baterías para seguir en la lucha.


Hay dos historias que les quiero platicar de apoyo de extraños.

En un viaje a la ciudad de México que hicimos Gil y yo solos, al momento de esperar abordar el avión Gil se puso muy nervioso, se negaba a subirse al avión, se negaba a estar en el aeropuerto. Me acerqué al personal de la aerolínea y pedí permiso de abordar antes que los demás pasajeros para que Gil no se sintiera más abrumado de lo que ya estaba, amablemente me permitieron abordar 3 minutos antes. Necesité más de 5 minutos para terminar la corta caminada de la sala de espera a nuestro asiento en el avión.

Nuestro compañero de asientos fue un joven de 23 años que iba a la boda de su primo. Desde el momento que se sentó fue realmente un compañero de viaje por las más de 3 horas de vuelo. Se dirigió a mí primero, tipo tratando de obtener permiso de convivir con Gil y de ahí se encargó de distraerlo, a su paso y a su modo.


La segunda historia es de una fiesta de cumpleaños. Fue en uno de esos lugares lleno de brincolines, Gil no es fan. El siempre prefiere irse a la sección de los peques. Ese día trató de convencer a sus amigos de escuela que lo acompañaran, cuando no le siguieron el paso se fue solo.

Pasaron 15 minutos y de repente veo que Gil estaba súper entretenido jugando con dos niños de su edad que yo no reconocí. Cuando me acerqué Gil me los presentó muy emocionado.

Resulta no eran compañeros de escuela, ni siquiera eran invitados de la fiesta. Eran dos niños que vieron cómo se estaba entreteniendo Gil y se acercaron a jugar con él, a ser contagiados por la alegría del juego. De vez en cuando se acercaban a mí para preguntarme “¿qué quiere decir Gil?” pero aparte de eso jugaron como si fueran amigos de toda la vida.


Me gustaría decir que esas son solo dos anécdotas escogidas entre muchas que les podría compartir, pero igual que las historias que se hacen virales que mencioné hace unos párrafos, éstos sucesos se registran en la memoria con tanta nitidez precisamente porque escasean, aun así, aunque vengan como estrellas fugaces, son los momentos que a mí me llenan de esperanza.


























#VidaDiaria #ÁmbitoSocial

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