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  • Sandra R.

Lo que a nadie le toca ver


Hace tiempo mi mamá presenció una escena de una familia que bajo cualquier circunstancia es alarmante, y si la agregas que se trata de una persona con una discapacidad, observar un momento así deja marca.


Una tarde ella se encontraba haciendo fila para salir de un estacionamiento subterráneo, de repente del auto que estaba enfrente de ella se salió la pasajera, seguida por la persona que iba conduciendo, se soltaron los gritos entre ambas. Mi mamá alcanzó a observar que la pasajera estaba pasando una crisis emocional y notó que tenía Síndrome de Down.

El instinto de mi mamá la tuvo bajándose de su carro para tratar de ayudar.

Resulta que eran abuela y nieta. La nieta tendría 17 años y su abuela le estaba gritando que se subiera al carro, que obedeciera.


Exactamente no les puedo decir cómo fue que la situación se calmó, no les puedo decir por qué estaba tan alterada la muchacha, ni les puedo decir qué había ocurrido para que la paciencia de su abuela ya estuviera vencida.

Lo que sí les puedo decir y el propósito de contarles esta anécdota, es por el impacto que dejó en mi mamá, la abuela de Gil.

Cuando ella me lo comentó lo primero que me dijo fue: “¿Por qué le gritó así, qué necesidad?, tú nunca le gritas a Gil.”

Mi respuesta fue: “¡Claro que sí!”.


Permítanme explicar. Soy humana, él es un niño. Ninguno de los dos somos perfectos, los dos estamos expuestos a frustrarnos, enojarnos y asustarnos. Me podrán preguntar: ¿Por qué le gritarías? Se me ocurren muchas posibles escenas, pero ahí les va solo una para ejemplificar: Imagínense una mañana en que están tratando de salir de casa para no llegar tarde a la escuela o al trabajo, y le estás hablando a tu hijo para que ya esté listo en la puerta. Para esto, tú ya lo alimentaste, le ayudaste a que se pusiera su uniforme, a que se lavara los dientes. Te aseguraste que no le faltara nada en su mochila. Hiciste todo en tiempo record para tu estar lista para enfrentar el día que está comenzando. ¿Cuál era el trabajo de tu hijo? Estar listo para partir, ¿Y qué hace? ¡Se tarda una eternidad!, bueno quizá 5 o 10 minutos en atender tu llamado de: “Vámonos”. Creo es el caso de muchos papás que el ultimo “vámonos” sale en grito desesperado.


En nuestro caso cuando los dos ya estamos por perder el último hilo de paciencia nos tomamos un mutuo tiempo fuera. Lo que es diferente de nosotros a la situación que mi mamá presenció es que a la fecha no nos hemos encontrado en unos de estos momentos cuando andamos en la calle. Ya sea que yo me arme de paciencia para escuchar los mil: "mamá, mamá, mamá" o “¿mamá ya?” o que vaya súper preparada para entretener a Gil, ya sea su Ipad, sus monos, libros o tareas asignadas que él debe cumplir antes de poder pronunciar su primer queja.

Mas sé que en la medida que Gil vaya creciendo también pueden subir de tono nuestros desacuerdos y bien puede suceder que seamos protagonistas de un teatro como el que inspiró este blog.


Precisamente este fin de semana estaba recordando con una amiga cuando su hijo era pequeño y andaban en la calle, se lo llevaba al baño para disciplinarlo en privado.

Mi hijo requiere igual ser disciplinado. No porque tenga Síndrome de Down tiene un pase libre a ser mal educado, a que no lo corrija cuando es grosero.


Gil no es un angelito, tiene su carácter, y para mi suerte tiene mi carácter; terco y sensible. Sí mamá, estoy pagando todas las que te hice.

Así que encontrar un balance en la manera en que se le disciplina sí tiene su grado de dificultad. Que entienda por qué se le está llamando la atención, que entienda que no es el fin del mundo pero que a la vez aprenda la lección en ocasiones no es nada fácil. Pero sí se le regaña, se le corrige y se le castiga cuando lo amerita. No es solo soltar un grito y esperar que este tenga por si solo los resultados deseados.


Esos momentos de disciplinar, de llamar la atención si se dan en nuestra familia, y son momentos que a poca gente le toca ver. Ha habido ocasiones que un familiar o amigo me dice “no le digas nada, déjalo no sabe”, claro que sabe, la carita de travieso es señal de que sabe está a un hilo de ganarse un “Gil Alejandro”.

Enseñar disciplina, respeto, como tratar a las demás personas, entre muchas cosas mas, es mi trabajo como su mamá.



#VidaDiaria

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