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  • Sandra R.

Etapas


No hay mejor ni más innegable evidencia del paso del tiempo que ver cómo crecen nuestros hijos.

Las etiquetas de su ropa nos van diciendo en letras y números ascendentes: 0-3 meses, 12-36 meses, 3-16 años, no nos queda otra opción mas que enfrentar la realidad, están creciendo y rápido.


La primera vez en que me di cuenta que Gil iba dejando de ser bebé fue en una excursión de compras de ropa en la que de repente me vi en la necesidad de cambiar de sección dentro de la tienda. Había llegado el momento en que él era muy grande para entrar en las camisas curiositas de Mickey mouse, los mini tenis dejaron de caberle a su piecito tamalito. Y por más tonto que les suene, me dolió.

Me impactó que la personalidad tierna, vulnerable, inocente que era Gil estaba siendo marcada con un paso más de la vida.


Cuando se tiene un hijo con necesidades especiales es inevitable que estés consciente del desarrollo de los demás niños. Sin querer estamos al pendiente de los logros de los demás: ¿Qué hacen, cómo lo hacen, cuando lo hacen?

Cuando son pequeños las diferencias no son tan marcadas, los tiempos en que logran alguna meta no están tan separados. Pero así como el tiempo te va diciendo que físicamente están creciendo, también te va marcando que poco a poco vas tomando un paso más lento en la carrera de la vida.


Dos de las cosas que más se le complican a Gil es la motricidad gruesa y el lenguaje.

Un día hace unos 5 años, en una fiesta de cumpleaños del hijo de una amistad el papá de Gil estaba muy concentrado viendo a una niña de menos de tres años, cuando le pregunté qué pasaba me dijo: “mira cómo se sube a la silla, como changuito” y sí, la niña hizo todo lo posible para subirse y pararse en una silla que fácilmente era tres veces su tamaño, y me dijo: “Gil nunca intentó hacer eso”.

No, primero porque es un flojito, la verdad, después porque fuimos algo sobreprotectores para ciertos movimientos físicos de Gil, cosa que nos ha costado bastante trabajo ir dejando. Para el tiempo que los compañeros de Gil estaban paseándose en sus bicicletas, y andando en patines Gil apenas iba conquistando el movimiento de correr.


Por más que la sociedad, la cultura y la vida misma nos vayan marcando las etapas que debe estar viviendo nuestro hijo, lo dejamos ser. Si él quiere seguir leyendo cuentos basados principalmente en imágenes lo dejaremos, pero de la misma manera lo vamos introduciendo a libros que no tienen imágenes.


Porque es su vida, a su paso. Llegará a donde tenga que llegar, a la cima de la montaña que él elija, y será a su manera.


#ÁmbitoSocial #VidaDiaria

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