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  • Sandra Reyes

Cada Paso


Tengo una amistad con la que he coincidido en escuelas de nuestros hijos y también con los Doctores especialistas de nuestros hijos, sin embargo hemos tenido experiencias completamente opuestas.


Con una maestra nosotros pudimos hacer buen equipo de trabajo para apoyar a Gil y mi amiga no. De hecho me compartió bastantes quejas de ella sin saber que era la maestra de Gil, nunca se repitieron los escenarios de los que ella se quejó y nunca tuve yo motivo para quejarme de su trabajo como maestra ni de su atención hacia mi hijo.

Cuando mi amiga se enteró de que asistíamos con una Doctora especialista en particular, me platicó su experiencia que resultó ser infructuosa y terminó en malos términos. Estas pláticas lograron hacerme dudar y decidí tomar su consejo y buscar cita con la Terapeuta que ella me recomendó. Ni Gil ni yo tuvimos buena química con la Terapeuta recomendada.


La abuelita de Gil de vez en cuando me dirá: “ya deberían de cambiar de Doctor” o “me dijeron de una Terapeuta que es muy buena” y de nuevo me gana la duda por un instante. Me encuentro en un momento en el que considero: “¿será oportuno hacer un cambio?”, "¿Estaremos ya muy apegados con las Terapeutas y Doctores?” Y de repente como si Gil pudiera leer mis pensamientos me dará señas de que no necesita hacer cambios. Cuando he estado a un suspiro de considerar nuevos Psicólogos sucede algún cambio en él y en la dinámica de sus sesiones en terapias que producen un salto de madurez en su trabajo y la duda desaparece.


Mi mamá tiene una cita que le encanta decirme cuando siente que le estoy ocultando algo: “eres una extensión de mí, si te preocupa algo yo lo sé por más que me lo quieras ocultar”, ese es uno de los poderes mágicos que tenemos las mamás, el sexto sentido, en ocasiones conocer a nuestros hijos mejor que ellos mismos se conocen.


Como mamá de un niño con Síndrome de Down muchas veces me toca hacer el trabajo de intérprete no solo de sus palabras, sino de sus sentimientos. En el caso del trabajo que es necesario llevar con Terapeutas y Psicólogas es difícil medir lo qué está funcionando para él y lo que no, ahí es cuando entra el sexto sentido de una mamá de un hijo con necesidades especiales. Entender la emoción o falta de emoción de mi hijo cuando entra a una sesión, observar realmente qué tanto beneficio es para él dedicarle esos 90 minutos.

Cuando Gil era más pequeño veíamos ese tiempo invertido como una necesidad, esos 90 minutos de sesión al día eran vitales. En la medida en que yo fui entendiendo más la manera en que mi hijo aprende, lo que le interesa aprender y lo que él está listo para aprender, tener ese sexto sentido me fue esencial para tomar decisiones por él.


Quiero pensar que he tomado las decisiones correctas, que he hecho cambios oportunos por el bien de Gil. Puede resultar fácil ceder el control de este tipo de situaciones a los especialistas, confiar en su respuesta de: “vamos muy bien” a nuestra pregunta de: “¿cómo vamos?”, y hacer las tareas que nos dejan, pero es nuestro trabajo como mamás no caer en un conformismo, debemos siempre buscar las mejores opciones para nuestros hijos, no solo seguir una recomendación porque a alguien más le ha funcionado una receta, ni porque venga de la pericia de un experto.


Cuando Gil tenía 4 años lo cambié de Terapeuta y de forma de terapia, lo saqué del único ambiente que había conocido en su vida, del apapacho de las Terapeutas que lo recibían y lo despedían con besos y abrazos. Lo hice porque no progresaba en su trabajo, los cambios que yo pedía no se hicieron, los temas en los que yo tenía inquietud no eran abordados. Fueron 4 meses en que asistió a terapias dobles porque no encontrábamos con quien Gil hiciera “click” y yo no lo quería sacar de un lugar sin saber a dónde más podríamos recurrir. Cuando al fin llegamos con Christian e hicimos el cambio, escucharlo en sus sesiones, como se reía, ver como no quería que su tiempo se terminara y ver el aprovechamiento de sus minutos de sesión me dio esa sensación de alivio de: “bien, hicimos bien”.


Gil tenía 6 años cuando al llegar a su clase de música a la que había estado asistiendo por 4 meses tuvo un ataque de pánico. No quería asistir, no le gustaba la clase. Me sorprendió no haber caído en cuenta de esto antes.

Falla de vez en cuando ese poder mágico de madre, ese sexto sentido a veces se abruma. Afortunadamente los aciertos han sido más que las fallas, mas eso no evita que una falla tenga el peso del mundo sobre mí.


Las decisiones que yo tomo por mi hijo las hago habiendo pensado y analizado al punto de ver estrellas en una lista de pros y contras, y ahora que Gil está madurando y comienza a tener un voto más resonante, la estructura de la toma de decisiones cambiara.

Habrá momentos en que la decisión sea de Gil, quizá me impondré en ocasiones y habrá decisiones en las que no estaré tan segura; será terreno nuevo que dejará sus propias enseñanzas.

El punto es siempre tener clara la individualidad de la situación que está viviendo mi hijo. Escucharé opiniones, tomaré recomendaciones pero seguiremos marcando nuestro propio paso.



#ÁmbitoSocial #Opinion #Terapias

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