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  • Sandra R.

Maestras de Preescolar


Encontrar un preescolar que aceptara a Gil como alumno y cumpliera con las características que yo buscaba de una escuela para nuestro hijo no fue tarea fácil.

La búsqueda comenzó 7 meses antes de que Gil ingresara a la escuela. Programe visitas y entrevistas en varias escuelas, en muchas ocasiones fui rechazada en el momento en que dije “síndrome de Down”, y en una ocasión la directora de un Preescolar Montessori me dijo “los padres de niños especiales piensan que las escuelas Montessori somos la respuesta para la educación de sus hijos, no lo somos”. ¿Qué le hubieran respondido ustedes?, yo en el momento solo pude decir “me queda claro que esta escuela en específico no es la correcta para mi hijo”.


Admito que yo me encontraba bastante nerviosa para la nueva aventura que estaba a punto de comenzar Gil al ingresar a preescolar, “¿Cómo lo recibiría la escuela? ¿Qué tipo de maestra le tocara? ¿Le gustara la escuela, se sentirá bienvenido e incluido?”. Mi deseo era que fuera recibido con brazos abiertos, con mentes abiertas y no solo lo vieran como un niño con necesidades especiales.


El Preescolar de Gil fue uno pequeño en el cual las maestras conocían a la mayoría de los niños por sus nombres, en donde nosotros como padres podíamos ir a observar a nuestros hijos en sus actividades sin que ellos se enteraran y en donde la comunicación Escuela-Padres era muy abierta.


Cuando dejaba a Gil en la escuela los primeros días yo me quedaba con la inquietud “¿tomamos la decisión correcta con la escuela? ¿Quizá debí esperar un año más?”, pero cada día que pasaba Gil salía más contento, cada mañana llegaba a la escuela más entusiasmado, y cuando llego el momento de la primera cita con sus maestras entendí porque, Gil había sido recibido por ellas con mucho amor.


Ser maestra de Preescolar es de los trabajos más difíciles que hay. Las Misses son la introducción de la carrera académica de nuestros hijos, se enfrentan no solo con alumnos primerizos, sino con padres de familia que en ocasiones les hacemos el trabajo más pesado, esto aunado al poco apoyo que en ocasiones reciben de las escuelas en las que trabajan, en corto, no la tienen fácil las educadoras.


Cuando Gil comenzó Preescolar requerimos muchísimo apoyo de la maestra titular, él era muy introvertido, su vocabulario era muy limitado y el control de esfínteres aún no estaba dominado. Miss Caro tuvo una plática conmigo para conocer un poco la personalidad de Gil y tuvo una cita con su Psicóloga Terapeuta para conocer la mejor manera de integrarlo a las actividades de Preescolar.

Hace poco tuve una conversación con ella de cómo fue tener un alumno con necesidades especiales y me sorprendió una vez más enterarme que no le avisaron antes de comenzar el ciclo escolar que tendría un alumno NEE (necesidades educativas especiales). Me comentó que batalló en encontrar la manera de presentar a Gil con sus compañeros, no sabía qué entenderían los demás niños de su discapacidad y no quería que lo segregaran del grupo. Terminó por decirles que era un compañero que requeriría de mucho apoyo por parte de todos.


En segundo de preescolar Miss Ale me recibió el primer día de clases con la noticia de que había aprovechado el verano para conocer más sobre síndrome de Down para estar más preparada en ayudar en el desarrollo de Gil, el conocimiento que ella adquirió fue de gran ayuda porque no tuvimos que empezar el ciclo escolar desde cero.

Cuando Gil ingreso a tercero de preescolar las maestras ya entendían mejor sus comportamientos y su vocabulario. Este entendimiento propicio que las maestras pudieran apoyar a Gil de mejor manera para que él se esforzara en sus actividades. Aunque Gil fue de los más consentidos en la escuela siempre lo consideraron como parte del alumnado, no fue simplemente un caso especial a tratar.


Preescolar no es solo para que nuestros hijos aprendan los colores y a cantar el abecedario, el trabajo de una maestra de Preescolar no es solo mantenerlos entretenidos. Las enseñanzas de preescolar son difíciles de ver porque no son obvias a primera vista, son enseñanzas que muchas veces no dejan ver su mérito sino hasta que nuestros hijos estén en la Primaria.


En nuestro caso yo puedo decir que las maestras de Gil además de enseñarle las bases curriculares para continuar su educación le enseñaron a tener confianza en él mismo, a ser atento a los detalles de las instrucciones, a compartir con los demás niños y respetarlos. Le enseñaron lo que es ser parte de un grupo de compañeros. Todo esto se lo enseñaron con paciencia y un cariño que nosotros como padres especiales les agradeceremos por siempre.


Gracias Miss Caro, Miss Alejandra, Miss Liz, Miss Olga, Miss Gaby y Miss Claudia, gracias a todas las maestras que fueron parte de los años de Preescolar de Gil, su aceptación y apoyo ha sido la mejor experiencia que podríamos haber soñado para nuestro hijo.



#ÁmbitoSocial #Escuela

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