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  • Sandra R.

Haciendo limpia de espacios


La oficina de nuestra casa tiene varias personalidades, es parte bodega de salón de clases, parte oficina tipo de dirección escolar, parte biblioteca y centro de control para nuestras vidas.


El closet extra está lleno de material didáctico para Gil, material que he ido coleccionando desde que era bebé. Cada vez que me encontraba con algún producto interesante y apropiado para una lección lo compraba, sobre todo si estaba en especial, siempre pensando “un día lo vamos a usar”.

La computadora está llena de páginas marcadas para referencia en las tareas y actividades de apoyo académico para Gil.

Uno de los libreros está dedicado a libros de actividades de lecto-escritura, matemáticas y ejercicios de concentración, además de varios libros de gimnasia cerebral y mi guía de Estimulación Temprana para niños con Síndrome de Down.


Hace unos años Gil tuvo dos tutoras que venían a la casa para impartir sus clases y ambas me dijeron que teníamos más material que en varios consultorios.

Todo ha sido de gran uso, probablemente acumulé más material de lo que era realmente necesario, pero todo lo hemos usado y de nada me había desecho, aun cuando ya no eran de interés para Gil.


Llegó un momento en que fue demasiado, había demasiadas cosas en la oficina.


En una conversación con una amistad que trabajaba con niños con autismo me comentó que había asistido a una observación donde evaluaron a un niño y la psicóloga le hizo el comentario de que estaba batallando mucho con el niño porque no le prestaba atención, su respuesta fue “claro que no te presta atención, lo tienes en un salón que está lleno de estimulantes, quiere ver todo, todo es nuevo para él”.

Me identifiqué con la anécdota pero al revés, para mí todo era lo mismo de siempre. Noté que hace unos meses comencé a sentirme en una rutina monótona con las tareas que hago con Gil en casa.


Gil ahora asiste 3 días a la semana a terapias; terapia ocupacional y terapia de lenguaje, es un descanso de la rutina que llevábamos de 5 días a la semana. Independientemente siempre me siento en casa con él para hacer “tarea”, le pongo ejercicios de concentración, lecto-escritura y matemáticas y cuando las psicólogas me piden apoyo en un tema adicional lo agrego a la lista.


De pronto no me sentía inspirada y no lo podía motivar a él.


Así que comenzaron los meses de limpieza, lo que empezó por limpiar una carpeta término por ser limpia total de no solo la oficina, sino también de la recámara de Gil.


El me ayudó con el trabajo de su recámara, eligió los juguetes que quería regalar a otros niños y juguetes que quería tener en casa de su abuela. Tomé la oportunidad de cambiar la decoración de su recámara ya que no había cambiado desde que recién nos cambiamos de hogar cuando él acababa de cumplir 5 años. Dejó de ser un cuarto de un peque y se convirtió en un cuarto de un “niño grande” de 10 años. Los dos quedamos bastante complacidos con la nueva distribución de sus juguetes y libros.


La oficina me está tomando más tiempo, es increíble la cantidad de cosas que uno puede esconder en los closets.


He pasado material didáctico a Christian la terapeuta de lenguaje de Gil y a mis amistades que tienen hijos más pequeños, y aún me queda bastante material para seguir pareciendo un salón de clases.


Hacer limpia en las recámaras y organizar todo ha sido como terapia para mí, me ha servido para despejar mi mente y encontrar de nuevo balance en las actividades diarias.

Desde que era pequeña mi mamá me acostumbró a que una vez al año se hacía limpia de casa, la ropa que ya no utilizábamos, los libros que ya habíamos leídos y demás artículos de hogar se donaban a un centro de apoyo.

Es una costumbre que quedó muy marcada en mí, de hecho yo lo hago de dos a tres veces por año, ya que Gil sigue creciendo y yo tiendo a comprar cosas de más, pero una limpia profunda no había hecho en dos años. Ya era más que necesaria, porque los gustos de Gil de cuando tenía 7/8 años a ahora han cambiado drásticamente y sus necesidades de material de trabajo también.


Me temo que esto ha despertado una necesidad de seguir con las demás áreas de mi casa, pero en realidad es como respirar aire fresco, así que con gusto continuaré. Quienes estarán realmente felices con esta noticia son mis amigas, ya que ellas son las más beneficiadas con estas limpias.


En las prisas de la vida diaria, y en la rutina de clases y terapias ha servido de un buen descanso simplemente detenernos, observar el espacio en el que pasamos nuestro tiempo y hacer cambios que nos ayuden a encontrar un espacio mental que sea más propicio para cumplir nuestras metas.


¿Les ha pasado algo similar? Cuando de pronto sienten la necesidad de hacer cambios en su hogar o en sus espacios de trabajo.


¿Tendrán algún consejo para no caer en monotonia con las actividades?


#VidaDiaria

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