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  • Sandra R.

Los mejores amigos


Como padres especiales hay ciertos temas que constantemente están en nuestra subconsciencia, para mí el que Gil tuviera buenos amigos había sido uno de ellos desde que entró a Preescolar.

Amigos que no solo fueran compañeros de clases o de escuela, amigos que lo buscaran por la persona que es y no solo porque es el niño que requiere de consideración.


La época de Preescolar fue donde Gil aprendió lo que era realmente convivir con otros niños, cuando se dio cuenta que no todos son iguales. Fue un tiempo donde en su salón de Preescolar se empezaron a formar amistades, pero para él no fue así.

La limitación que él tenía con su lenguaje fue un impedimento para que los niños pudieran establecer una conexión con él, la edad de un niño en Preescolar es una donde su paciencia es corta y en ese momento lo que más necesitaba Gil de otras personas era precisamente eso, paciencia.

En varias ocasiones me tocó ver que Gil trataba de comunicar algo y los niños lo dejaban hablando porque no le entendían, esa falta de conexión hizo que Gil se apartara, que no buscara socializar con sus compañeros.


Cuando llegó el momento del cambio de Preescolar a Primaria Gil lo hizo solo, sus compañeros de los primeros años de Preescolar no solo se fueron a otras escuelas, sino que ya iban un año avanzados. Primero de Primaria fue la misma situación de convivencia, los niños no le entendían, no hicieron conexión. Gil prefería jugar solo, comer solo, trabajar solo.


Cuando llegamos a su nueva escuela para segundo de Primaria miss Nydia me dijo: “no se preocupe, todos los niños lo van a recibir con mucho cariño”. Siendo una escuela inclusiva pensé que Gil no sería una novedad, no vendría una tormenta de preguntas como: “¿Qué tiene, por qué no habla bien?”.

Este fue el tiempo cuando Gil comenzó a hacer amigos. Para la tercera semana de clases se subía al carro después de un día en la escuela y comenzaba a recitar el nombre de todos sus compañeros, aunque su maestra de salón me decía que aún no lograba integrarlo bien a las actividades del salón y receso, el hecho de que Gil estuviera tomando nota de quienes eran sus compañeros y lo que hacían en la escuela fue prueba de que se estaban logrando conexiones personales.


En una ocasión cuando fui a la escuela para una cita con la maestra los compañeros de Gil se acercaron a mí para hacerme preguntas, la líder del pequeño grupo que me siguió resulto ser la compañera que Gil más nombraba, sus preguntas fueron: “¿Qué le gusta comer?, ¿Por qué no quiere jugar con nosotros?, ¿Por qué le gusta hablar inglés?”, su interés era para conocer a Gil como persona, no conocer las limitaciones y capacidades de su Síndrome de Down.


Este ciclo escolar es el tercero en su escuela y con sus amigos, el apoyo y motivación que le han brindado a Gil es incalculable. Lo animan a esforzarse más en su trabajo escolar, lo incluyen en sus juegos y aceptan sus humores, le dan su espacio cuando lo requiere y lo cuentan como un amigo.

Me ha tocado ver como niños de grados más altos lo buscan para presentarlo con sus familias “mira mamá, él es mi amigo Gil”, cuando en eventos de la escuela sus mejores amigos lo animan a perder la pena al presentarse ante grandes grupos de personas. Y me ha tocado ver a Gil ser recíproco en ese apoyo a sus amigos, consolar a un amigo que sufrió una caída, hacerle una broma a una compañera y buscar a sus amigos para presentarlos con nosotros.


Escucharlo platicar la nueva travesura de Génesis, buscar un juguete para compartir con Fernando los viernes, decirme que Luis le ayudó con un trabajo, y escucharlo nombrar a sus compañeros cuando le preguntan qué es lo que más le gusta de su escuela, tranquiliza aquella preocupación que yo tenía de que Gil no fuera a tener buenos amigos.


Tener amigos es una fuente mágica de alegría, y saber que Gil cuenta con tan buenos amigos es una emoción que no les puedo explicar con exactitud, es una bendición por la cual estoy muy agradecida.




#ÁmbitoSocial #VidaDiaria

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