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  • Sandra Reyes

Sabe diferente



Hace unos meses tuve una conversación con un compañero de mis días de Kínder, Primaria y Secundaria, teníamos muchos años que no coincidíamos, pero gracias a la nueva era de los medios sociales uno está “en contacto” con casi todas las personas que han cruzado nuestro camino. Resulta que mi viejo compañero es ahora Médico Especialista y recurrí a él para una consulta.


Entre los comentarios de apertura con los clásicos: ”¿Cómo estás? “, “tu hijo ya está bien grande”, mencionó: “he leído alguna que otra entrada de tu blog a través de Facebook, mi hijo tiene autismo”. Fue una conversación corta y algo que dijo me dejó con un sentimiento de “compañerismo”.

Dentro de la conversación de los hijos y de cómo les iba en las terapias dijo: “todo es diferente, cada logro, risa y alegría sabe diferente”. Nunca alguien me lo había dicho con palabras tan sencillas, sin tratar de ser sensible a una situación, sin el cuidado de utilizar términos “correctos”, estábamos hablando como viejos conocidos con algo en común, la diferencia de nuestros hijos.


Recuerdo el momento exacto en que Gil se rió por primera vez a causa de una caricatura, Alex y yo nos volteamos a ver diciéndonos con los ojos ¿oíste eso?, inmediatamente quisimos recordar que fue lo que vio que le causó gracia para tratar de repetirlo.

Los primeros pasos de Gil están guardados en un vídeo tomado por mí, donde apenas logré capturarlo en el cuadro porque mi mano estaba temblando tanto de la emoción de haber visto la convicción con que se puso de pie y comenzó a caminar sin ayuda.


Hay muchas cosas que como papás podemos tomar por dado, por ejemplo que aprendan a comer solos, que comiencen a decir sus primeras palabras, que nos digan “te quiero”, pero cuando eres un papá especial y tus días están llenos de actividades de estimulación y terapias, lograr algo tan sencillo como que tu hijo exprese una emoción en sus propias palabras es como si te hubieras ganado la lotería.


Cuando tu hijo te puede decir que le duele el estómago, cuando se anima a jugar con niños desconocidos, sientes que has logrado pasar un obstáculo más en una carrera que no tiene fin y esa sensación te sabe mejor que cualquier postre.


Esa conversación con mi compañero fue una en donde dos mundos se encontraron, no solamente era Sandra hablando con una vieja amistad, era una mamá especial hablando con un papá especial. Un momento en que antiguos compañeros de escuela nos encontramos siendo compañeros una vez más.


Es cierto, los logros de nuestros hijos saben diferente a esos de los demás niños, y poder compartir eso con alguien me dejó una sensación de solidaridad y de entendimiento que no requirió ser dicha en voz alta, ni ser catalogada con términos “especiales”.




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Somos mas Parecidos que Diferentes