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  • Alex

Papá especial


Han conocido historias de nuestra familia a través de mis palabras y he compartido con ustedes como fue para mi recibir el diagnostico de Síndrome de Down, hoy en el blog tendrán la versión de Alex, el papá de Gil.




Tijuana, Agosto de 2006.


Sentado en mi carro después de regresar de una experiencia por demás extraña.

Horas antes, habíamos estado en el consultorio del Pediatra que había atendido el caso de embarazo en San Diego, CA E.U.A.



Diagnóstico: Trisomía 21.



Palabras: Papás debo informarles que su hijo tiene Síndrome de Down, aquí tienen un folleto y si necesitan ayuda existen personas que les pueden orientar.



En esos momentos lo que pasaba por mi cabeza era la desorientación más grande de mi vida. Yo siempre había tenido un sentido de confianza en mí mismo descomunal, capaz de hacer cualquier cosa, de permitirme soñar con conquistar el mundo y por primera vez, no sabía qué hacer, cómo reaccionar, qué decir, qué pensar. Mi primer pensamiento fue: ¿Por qué tengo miedo? ¿Por qué el Doctor nos dijo: ”Existen personas que los pueden ayudar”? ¿Ayudar a qué? ¿Qué nos va a pasar? ¿Mi hijo corre peligro? ¿Por qué nos lo dijo como si estuviera desahuciado? ¿De qué me voy a perder?



Cuando llegué a casa y vi a mi hijo, lo que vi fue a un niño normal, que se movía, que tenía hambre, que hacía del baño, en ese momento entendí que pese al diagnóstico, tenía a una hermosa criatura y que aunque yo “podría necesitar ayuda” de acuerdo a un Doctor, era el único papá que él tenía y el único papá que lo iba a ayudar a ser una persona que cuenta en este mundo.


Entendí en ese momento que mi temor era porque no sabía qué era tener un hijo con Síndrome de Down. Lo único que sabía era que tenían rasgos orientales, que tenían retraso, que mi hijo tal vez no iba a ir a la Universidad, que no iba poder hacer muchas cosas porque tenía algo y el hecho de que yo posiblemente “necesitara ayuda”, me hacía pensar que no me preparé para esta carrera que ya había empezado, y no iba a poder alcanzar al resto porque empecé tarde.



Yo solo sabía que era mi gordo, que estaba hermoso, que lucía guapo, que era increíble, que me gustaba dormirlo por las noches, que me encantaba estar a su lado, que parecía como Japonés porque a lo mejor era Ninja, y que era muy carismático.



No tuve sobrinos que criar y nunca en mi vida tuve mucho contacto con bebés, realmente no me considero una persona de bebés, así que no conocía nada de nada sobre niños. Extrañamente con mi gordo fue muy instintivo todo, desde los pañales, el biberón, el baño. El hecho de no haber conocido otros niños indirectamente me ayudó a quitarme todos esos estigmas de metas que los papás nos ponemos con nuestros hijos. Esos clásicos pensamientos de que: mi hijo debe caminar a los 6 meses, que hable a los 9 meses, que a los 3 años sea Doctor en Letras y todas esas cosas inútiles de la vida que en realidad solo son ideas huecas que los papás nos hacemos.


Tener un hijo especial te enseña que eres especial, y a ver la vida con los ojos de otra persona y con los propios. Eres capaz de entender que caminar a los 6 meses es totalmente irrelevante cuando nunca estás presente para disfrutar que tus hijos crecen y que cada día que pasa es un día menos que viviste algo feliz con ellos. Para mí, que nunca había convivido con una personita así de cool, el que no caminara hasta los 2 años y seguirlo cargando hasta los 4 años, fue una oportunidad que me dio la vida para poder tener el pretexto de tener a mi Ninja pegado a mí mucho más tiempo, y que fuera perfectamente normal para todos el que estuviese en mis brazos y que nadie dijera: "mira al Ninja ese colgado de su papá! si ya está bien grande".



Esa y muchas otras experiencias que viví mientras mi hijo dejaba de ser bebé, me hicieron entender que ser feliz no depende de la capacidad de tu hijo de crecer rápido, de ser papá del alumno más reconocido por su aprovechamiento escolar, el papá del hijo que siempre que compite llega primero, el papá del niño que ganó el rey de la clase, del que habló primero en toda la familia, del que tiene el potencial para ir a MIT o Harvard, del que sabe más vocabulario que Arjona. Ser feliz es vivir completo mientras caminas por la vida de la mano de tu Ninja, que cada que te ve grita: "Papá!!!!!!!" y te abraza como si tuviese años sin verte.



Ser un papá especial te recompensa con las cosas que más valor tienen en la vida, como el poder tener la oportunidad de tener contigo a una persona que más allá de cambiar el mundo, cambia tu vida.










#Opinion #Nacimiento #Familia

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