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  • Sandra Reyes

Control de Esfínteres


Esta semana les platicaré de un tema práctico: el control de esfínteres. (Les advierto que incluiré muchos detalles ya que el tema lo amerita). Este fue el primer tema que a mí, como mamá de un niño con Síndrome de Down me intimidó.


Llevar a mi hijo a que le sacaran sangre para sus evaluaciones médicas, las sesiones de terapia física que lo hacían llorar, enseñarlo a dormir en su cuarto sin nuestra compañía, nada de esto me causó tanta inquietud como abordar el tema de “control de esfínteres”.

¿Por qué? Porque sabía que no era una habilidad que sería fácil de adquirir para Gil.


El proceso comenzó mucho antes de que le dijéramos: “vamos a quitarte el pañal y usarás calzón como niño grande”.


Cuando Gil tenía 30 meses (2 años y medio) pasamos de la última talla de pañales a los pañales entrenadores. Yo sabía que aún nos faltaba mucho tiempo para que Gil dejara de usarlos, pero ese fue el momento en que le empezamos a crear conciencia de lo que era un pañal entrenador y cuál era la meta final.

Cada vez que lo cambiábamos le explicábamos lo que era la popó y pipí y le contábamos como pronto iría al baño como papá y mamá lo hacían y ya no usaría los pañales.

Comenzamos a enseñarle libros dedicados a “potty training” y a sugerencia de los expertos enseñamos con el ejemplo, que viera el proceso, que supiera que es algo que todos hacemos.


Después de un tiempo comenzamos con el entrenamiento en sí. Fue en el verano para tener más tiempo dedicado a la situación y que él pudiera andar sin ropa.


Los primeros pasos que seguimos para comenzar el control de esfínteres fueron:

  1. Evaluar si realmente estaba listo emocionalmente para empezar con el proceso.

  2. Prepararnos nosotros los papás emocionalmente para la aventura del entrenamiento, requiere de mucha paciencia y aceptación por parte de todos los involucrados, en nuestro caso particular fue muy cansado el proceso.

  3. Buscamos material de apoyo:

  • Libros para que él viera en qué consistía lo que le estábamos pidiendo hiciera.

  • Su bañito entrenador, yo cometí el error de no dejar que Gil lo escogiera, recomendaría que den la oportunidad de que sus hijos elijan su propio bañito.

Bañito que yo elegí

Bañito que Gil prefirió

  • El método de premio. Elegí uno que fuera exclusivo para la tarea, algo que no se empleara en sus demás actividades. Este que usamos fue de mucho éxito, tenia calcomanías y el botón de aplausos.

4. Compramos varios paquetes de calzoncillos.

5. Compramos wipes de baño biodegradables.

6. Compramos wipes de cloro para limpiar todos los accidentes que ocurrirían.

7. Compramos el protector del colchón y varias sábanas.


La primera semana fue de entender el horario de Gil para calcular cuando hacía del baño. En las tardes cuando no teníamos prisa comenzamos a sentarlo en su bañito. Yo fui de la idea de no entretenerlo en el baño, no le ponía televisión, vídeos, música, libros (más que su libro de “potty training”) simplemente lo sentaba y cada dos o tres minutos le preguntaba “¿hiciste popis?”, no excedía los 15 minutos de estar esperando.

A la hora de bañarse era común que Gil quisiera hacer pipí adentro de la regadera, yo aprovechaba la ocasión y le ponía su bañito entrenador para que se fuera acostumbrando al proceso.


La segunda semana ya conociendo su horario trataba de ganarle y lo sentaba en el bañito antes de que se hiciera en el pañal, pues mi hijo es canijo y se aguantaba; esperaba hasta que me rindiera y le pusiera de nuevo un pañal entrenador después de haber estado un rato sentado en el baño y de haber andado en calzoncillos, entonces yo tenía que quitarle el pañal y desechar su popó en el baño para que viera una vez más lo que tenía que suceder.


Fueron dos semanas las que así estuvimos completamente dedicados a la tarea, pasábamos la mayoría del día en casa, entre sesiones de estar sentados en el bañito que iban de 10 a 25 minutos, a momentos de limpiar accidentes de pipí. Y así se nos acabaron las vacaciones sin haber logrado el cometido.

Regresamos a preescolar pidiendo el apoyo de la maestra, no para entrenarlo porque ese proceso ocurre comúnmente en maternal, y Gil ya estaba ingresando a segundo de preescolar. Más bien el apoyo era para permitirle a Gil seguir usando pañal entrenador y cambiarlo cuando fuera necesario.


Cuando ya habían pasado dos meses de haber comenzado el entrenamiento de control de esfínteres Gil ya hacía pipí en su bañito pero no porque él nos avisara que quería ir al baño, sino porque se acostumbró a un horario. En casa lo llevábamos al baño cuando se despertaba, antes de salir a la escuela, regresando de la escuela y así sucesivamente. Y lo máximo que habíamos logrado con su defecación fue que nos avisara cuando ya se había hecho en el pañal.

El siguiente método que usamos fue recomendado por los expertos: dejarlo que se ensuciara en su calzoncillo. Ahí fue donde más batallé yo, porque de nuevo mi hijo es canijo, se aguantaba hasta que tuviera puesto un pañal entrenador, al cual recurríamos cuando salíamos de la casa, o se hacía en su calzón y se quedaba sentado sin dar indicación hasta que me llegaba el olor o me encontraba con una sorpresa en el piso, ¿ven por qué digo que los papás debemos estar preparados emocionalmente para todo el proceso?


Luego llegamos a lo que fue la victoria ficticia. Gil comenzó a aprovecharse de nuestro estado constante de alerta. Cada vez que le pedíamos hacer una tarea ya fuera de sus terapias o recoger sus juguetes el recurría a decir “¡POPÓ!” porque sabía que inmediatamente lo llevaríamos al baño y dejaríamos de hacer cualquiera que fuera la actividad.

En este estire y afloje estuvimos aproximadamente otros 6 meses. Durante ese tiempo aún recurríamos a los pañales entrenadores cuando no podíamos dar prioridad al proceso del entrenamiento, pero nunca desistimos en lograr la meta, y él lo entendía.


Cuando al fin Gil dejó el pañal fue más por el hecho de que logramos un horario, él pudo controlar sus necesidades porque tenía seguridad del horario, seguridad de que mamá o papá lo sentarían llueve truene o relampaguee.

Y para mí eso fue victoria! Después de estar meses a la merced del baño nosotros ya estábamos cansados, desesperados, y no le quisimos exigir más de lo que en ese momento podía dar.


Un poco antes del año de haber comenzado el proceso Gil comenzó a avisar cuando quería ir al baño, fue algo que salio de él. Un día de repente me busco y simplemente dijo "popó" y corrió al baño. Para este tiempo ya habíamos dejado el bañito entrenador, usábamos un banquito para que alcanzara la taza del baño.

Cuando al fin logro la meta lo festejamos como la primera vez que hizo pipí en su bañito entrenador meses atrás.


Mis recomendaciones para el proceso de control de esfínteres son:

  1. Paciencia, mucha paciencia. Si ustedes o su hijo(a) no están listos, no se estresen, solo se causarán frustraciones. Pero no dejen de hacer el trabajo por comodidad a ustedes o a sus hijos. Entre más pronto puedan comenzar mejor, no tienen que lograrlo en una semana quizá ni en un año, pero insistan.

  2. Tomen el proceso por pasos, que su hijo(a) entienda lo que se le esta pidiendo, que se le quite la inseguridad de no traer su pañal entrenador, que no le tenga miedo a la taza del baño.

  3. No desistan de sus métodos, denle tiempo suficiente para realmente darles oportunidad. Es importante que todos los involucrados estén de acuerdo en emplear el mismo método. Por ejemplo yo les pedí a mi marido, a mi mamá y a los abuelos paternos que no le dieran entretenimiento en el baño. También acordamos no sentarlo directamente en la taza del baño ya que por alguna razón le causaba temor a Gil, todos usábamos el mismo modelo de bañito.

  4. No tengan pena, es un proceso difícil para nuestros hijos. Es de esos momentos en que debemos hacer cosas que quizá nunca habíamos imaginado, por ejemplo dejarlos que nos acompañen al baño y vean cada paso del proceso.

  5. Si tienen un accidente fuera de casa no regañen a sus hijos, simpaticen con ellos.

  6. Siempre lleven cambios de ropa, ojo dije “cambios” y no se olviden de cambio de zapatos y calcetines. No pueden faltar toallas húmedas y bolsas de basura.

  7. Festejen! Desde que se anima a sentarse en el bañito, hasta que le baje a la taza del baño.

  8. Siempre tengan en mente que es un proceso que puede tomar tiempo. Gil logro hacer pipí en el baño mucho tiempo antes que hacer popó.

  9. Se vale pedir ayuda. En nuestro caso a mí me tocó la mayoría del trabajo, pero cuando de plano tenia días en que me faltaba paciencia le pedía apoyo a mi mamá.


Para nosotros el proceso fue muy largo, lo más importante creo es que encuentren lo que es práctico y cómodo para ustedes. Tengo una amiga que para todos lados cargaba con el bañito de sus hijos, yo nunca hice eso porque no era cómodo para nosotros. Otra amistad no salió de su casa hasta que sus hijos lograron el control de esfínteres. Cada quien es diferente, prueben varias técnicas si es necesario, pero no se rindan ni pierdan la paciencia.


Suerte!

#Familia #Opinion #VidaDiaria

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